Clark Cortez, la autocaravana de los astronautas de la NASA

Clark Cortez, la autocaravana de los astronautas de la NASA
La Clark Cortez se expone en el Centro Espacial John F. Kennedy

Una autocaravana realizada por un fabricante de carretillas elevadoras era el último vehículo en el que viajaban los astronautas del Programa Apolo antes de subirse a los módulos espaciales. Una extraña pero necesaria tradición que se mantuvo durante 24 misiones de la NASA.

Poco se podía imaginar Clark, una compañía de Kentucky especializada en la fabricación de carretillas elevadoras, que su entrada en el negocio de las autocaravanas iba a suponer la acogida de un cliente muy especial. La motorhome Clark Cortez se lanzó en 1963 y de las poco más de 3.200 unidades que se comercializaron de esta autocaravana, una fue realmente especial y la tratamos en Coches Rarunos.

El vehículo llamó la atención de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos, más conocida como NASA, por su espacio interior y su fiabilidad. Unas características que sirvieron para que este modelo se ganara una buena comunidad de aficionados en los 16 años que estuvo a la venta, entre ellos el mítico actor de cine de terror Vincent Price que tenía una en su garaje.

La NASA necesitaba un vehículo para trasladar los astronautas durante los escasos kilómetros que separan el Centro Espacial John F. Kennedy de la plataforma de lanzamiento. En las primeras misiones espaciales de Estados Unidos los astronautas se trasladaban mediante diferentes vehículos. Durante el Programa Mercury iban en el remolque de un camión militar Reo, que fue sustituido por un par de furgonetas diferentes para el Programa Gemini. Vehículos grandes pero no demasiado prácticos.

El acceso al interior de los astronautas se realizaba por la parte posterior

La llegada del programa Apolo, donde los estadounidenses buscaban conseguir un alunizaje antes de 1970, también supuso la oportunidad de estrenar un nuevo vehículo para el transporte de los astronautas adaptado a sus necesidades. El modelo elegido por la agencia espacial fue la autocaravana Clark Cortez.

La Cortez era de tracción delantera, lo que eliminaba la necesidad de tener un túnel de transmisión que recorriera toda la parte inferior de coche. En otras autocaravana eso obligaba a que el habitáculo fuera montado más alto, pero con la Cortez no era necesario así que se aprovechaba mucho mejor el espacio interior que era lo que más interesaba en su labor espacial.

Para cumplir sus funciones fue convenientemente modificada. Exteriormente se mantenían sus principales rasgos, siendo pintada de blanco riguroso y con los logos de la NASA bien visibles. La autocaravana de 5,6 metros de longitud podía estar equipada con cocina, nevera, calentador de agua, baño con ducha o camas pero todo ese equipamiento fue eliminado por la NASA ya que evidentemente su destino no era recreacional.

Interior rediseñado para ofrecer espacio y comodidad a los astronautas vestidos con sus abultados y pesados trajes espaciales

El enorme espacio que ofrecía el habitáculo de la Cortez fue aprovechado para colocar dos filas de asientos dispuestos a lo largo del coche para dar cabida a los astronautas y otro personal de la misión. Los trajes espaciales son incómodos, muy voluminosos y por aquel entonces sobrepasaban los 100 kg de peso por lo que los asientos destinados para los astronautas era mucho más grandes y contaban con asideros que les permitían incorporarse con más facilidad.

La configuración de los asientos fue variando durante el tiempo que estuvo en servicio, adaptándose a las necesidades de sus ocupantes, pero siempre preocupándose de que fueran prácticos. Separado de la fila delantera de asientos, el conductor se comunicaba con los astronautas a través de un intercomunicador.

La primera vez que se utilizó la Clark Cortez fue en 1968 para trasladar a los miembros de la misión Apolo 7, el primer viaje tripulado del programa con el que el hombre logró pisar la superficie lunar. Los astronautas Walter Schirra, Donn Eisele y Walter Cunningham salieron del edificio de Operaciones y Checkout del Centro Espacial por la escalerilla y junto a la puerta estaban todos los medios de comunicación y la blanca autocaravana Clark Cortez proporcionando un fácil acceso desde la puerta trasera.

La autocaravana siempre estaba a la espera a la salida del Centro Espacial. En la imagen, Cernan, Stafford y Young, la tripulación del Apolo 10

La imagen se repitió de manera casi idéntica en el resto de misiones. Aquel mismo año fue el turno del Apolo 8, donde Frank Borman, James Lovell y William Anders fueron las primeras personas en la historia en salir de órbita terrestre la Tierra y orbitar alrededor de la Luna. Su paso previo también fue la autocaravana Clark.

Camino a la Luna

Los tripulantes de los Apolo 9 y 10 también viajaron en el singular Cortez. Lo mismo ocurrió con el Apolo 11, la misión espacial con la que el ser humano llegó a la Luna. Para llegar a la plataforma de lanzamiento el Cortez cumplió su función trasladando a Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins y dio pie al histórico momento para la humanidad.

El paseo en la autocaravana fue convertido en tradición y todos los astronautas del Programa Apolo fueron trasladados de esa manera incluyendo la última misión en la que los humanos caminaron en la Luna, el Apolo 17, en 1972. En todos los trayectos el conductor de la Cortez hacía una breve parada un poco antes de llegar. Para darle un toque de emoción y dramatismo, suponemos.

Los astronautas del Apolo 11, la primera misión espacial que llegó a la Luna, en un vídeo que muestra su trayecto con la Clark Cortez

Con la exploración lunar en segundo plano, la NASA lanzó el Skylab, la primera estación espacial estadounidense. Hubo tres misiones tripuladas con destino Skylab (SL-2, SL-3 y SL-4) cuyos astronautas no faltaron al ritual de subirse al Cortez para llegar a la plataforma de lanzamiento.

El primer proyecto conjunto entre dos naciones en el espacio, con el acuerdo de colaboración de Estados Unidos y la Unión Soviética para la misión Apolo-Soyuz. Realizada en julio de 1975, fue la última del Programa Apolo. Los astronautas Thomas Stafford, Vance Brand y Deke Slayton se trasladaron en la autocaravana antes de subirse al módulo Apolo CSM-111.

El fin del Programa Apolo supuso la entrada en acción del programa del transbordador espacial STS (Space Transportation System), un vehículo espacial que era parcialmente reutilizable, en 1981. La primera misión STS-1 con los astronautas John Young y Robert Crippen siguieron los pasos de sus predecesores trasladándose desde el Centro Espacial hasta el lugar de lanzamiento en la veterana Cortez.

El motor Chrysler Slant 6, un ejemplo de fiabilidad

La autocaravana siguió utilizándose hasta 1983. La misión STS-6 fue la primera misión para el transbordador espacial Challenger y supuso la despedida de la Clark Cortez con los astronautas Paul Weitz, Karol Bobko, Donald Peterson y Story Musgrave como últimos viajeros.

La NASA decidió que era el momento de reemplazar el vehículo de traslado que llevaba utilizándose 15 años. Muchos astronautas se opusieron a su retirada señalando que el desplazamiento en la Clark Cortez ya se había convertido en una tradición, pero sus peticiones no fueron escuchadas: la autocaravana se había quedado pequeña.

En los Apolo viajan tres astronautas a bordo y en los primeros STS hasta cuatro, pero en la misión STS-7 del transbordador irían cinco tripulantes. La NASA escogió otra autocaravana, una Airstream Excella que también fue modificada convenientemente y bautizada como Astrovan. Con carrocería de aluminio pulido ganó más popularidad que su predecesor.

Los astronautas del Apolo 12 saliendo de la autocaravana para subir al módulo espacial

Por lo tanto, desde 1968 hasta 1983 la NASA siempre utilizó el mismo vehículo para trasladar a los astronautas en sus misiones. En el recorrido siempre iba acompañado de un segundo vehículo por si surgiese algún problema ¡No debía retrasarse una misión espacial por culpa de un simple automóvil!

Pero la Clark Cortez nunca se estropeó ni sufrió ninguna incidencia. Bajo el capó llevaba un propulsor Chrysler Slant 6, uno de los motores más fiables de la historia. De hecho durante cuatro décadas se usó en coches, camiones, maquinaria agrícola, embarcaciones y maquinaria industrial.

Aquella mecánica de seis cilindros en línea y 3,7 litros de cubicaje entregaba 101 CV, una cifra de potencia suficiente para llevar a los héroes que dieron los primeros pasos en la conquista del espacio para la humanidad. Todos esos astronautas comenzaron sus misiones gracias a una modesta autocaravana que actualmente está expuesta en el Centro del Saturno V, el complejo de visitantes del Centro Espacial John F. Kennedy.

Fuente: Motor.es
Fotos: NASA, Michael Gordon/Shutterstock.com, Wangkun Jia/Shutterstock.com, Heng44/Collectspace.com

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